Retablo relicario del lado izquierdo del crucero
Fernando e Isabel, Felipe y Juana
Retablo relicario del lado derecho del crucero
Carlos e Isabel, Felipe IV e Isabel de Borbón

EL BARROCO: RETABLOS Y ESCULTURAS

Gótico, Renacimiento, Barroco. La presencia más significativa del Barroco en la Capilla Real está representada por los dos retablos-armario relicarios y por el retablo y esculturas barrocas de la Capilla de la Santa Cruz. Por Real Cédula de Felipe IV (1630) se dispuso construir los actuales altares-relicarios en el crucero e instalar en ellos la importante colección de reliquias donadas por los Reyes que las habían recibido de los Papas.

LOS RETABLOS ARMARIOS RELICARIOS
Al contemplar estos dos retablos, —obra del granadino Alonso de Mena (1587-1646)— nos acercamos a sus formas y riquezas, a sus discursos iconográficos, sin olvidar la dimensión espectacular, cuando al abrir sus puertas, descubren la abundancia del tema y la riqueza de formas y materiales.

Retablo relicario
izquierdo cerrado
Abajo, en sus bancos, sobre puertas practicables, los retratos en relieve de los monarcas: Fernando e Isabel, Felipe y Juana, Carlos e Isabel, Felipe IV e Isabel de Borbón, como testigos y orantes.
Sobre las grandes puertas, en cuatro espacios rectangulares aparecen en relieve, en el retablo de la derecha, San Miguel y Santiago, San José itinerante y, posiblemente, San Felipe, patrón de monarca reinante.
En el retablo de la izquierda, la Inmaculada Concepción, San Juan Bautista, San Pedro, San Pablo. En los centros de ambos retablos y sobre la unión de los cerramientos de sus dos puertas principales, dos grandes escudos de España que, junto al yugo y las flechas, subrayan el rango real del conjunto.

Retablo relicario
izquierdo abierto


Retablo

LA CAPILLA DE LA SANTA CRUZ

El retablo barroco, dividido tres calles y alzado en dos pisos, ocupa totalmente el fondo de la capilla hasta el arranque de las bóvedas góticas. En el centro y aprovechando la ventana abierta en el muro exterior, se presenta en efectista contraluz, como triunfante símbolo, la Santa Cruz enmarcada así de apoteosis y riqueza.

La incorporación de la luz eléctrica a estas escenografías transforma estos espacios en espectáculos visuales; en ellos se materializa una de las más importantes páginas para comprender los contenidos didácticos y emocionales de nuestro barroco, aunque también en la tenue iluminación natural se encuentre la ambientación adecuada a este tipo de espacios y de obras.

Para acentuar la atracción sobre el fiel o sobre el mero espectador, están colocadas, a ambos lados, dos excelentes medias figuras del Ecce Homo y de la Dolorosa, talladas en madera y policromadas; su expresión íntima y contenida invita a la meditación piadosa o a la contemplación detenida, en contraste con la riqueza del fondo del retablo.

Son dos obras en todo características de la mejor época de la escultura barroca granadina, derivadas ambas de tipos y modelos de José de Mora (1642-1724), sobre los que Risueño, a quien se les atribuye, supo añadir mayor blandura de modelado y mayor cercanía a lo pictórico.


Ecce Homo, por Risueño

Dolorosa, por Risueño