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Miniaturas
del Misal
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De
la inquietud cultural de la Reina y de su interés personal y de
su apoyo institucional al naciente humanismo del Renacimiento da testimonio
el siguiente texto:
«Ella
Isabel I de Castilla abre vía libre a los humanistas
que de Italia a España mantienen continuada comunicación;
fomenta la difusión de la imprenta, cuya aparición en sus
reinos coincide con su subida al trono, concediendo franquicia de impuestos
y aduanas a impresores; ordena copiar manuscritos; sostiene una escuela
de músicos y cantores y, siguiendo la afición de su padre
(el rey Juan II) reúne la más rica librería de su
tiempo, en la que, junto al núcleo bien nutrido de obras religiosas,
se encuentran numerosísimas de clásicos latinos, libros
de caballería, tratados y guías de la conducta pública
y privada, que adoctrinen para el buen gobierno, obras jurídicas
e históricas, de música y de baile, y magníficas
selecciones de los escritores castellanos del siglo XIV y de todos los
poetas del siglo XV, creadores de aquella poesía en la que hacía
su aparición un espíritu nuevo, un sentido musical y una
sensibilidad que trasvasaba lo popular a lo erudito y cortesano, con iguales
gusto y finura que las piedras góticas del XV recibían una
caricia de las brisas renacientes y lograban esa fina gracia suave con
la que el arte medieval vencido se entrega al halago de la primavera y
de un nuevo espíritu.»
Antonio
Gallego y Burín
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